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Los sistemas de salud en las Américas ante la pandemia de COVID-19: una perspectiva desde el acceso y la cobertura universal

Sin duda, 2020 será un año que quedará marcado en la historia del planeta, pues la población se ha visto expuesta a una enfermedad que ha alterado la continuidad de la vida. A finales de 2019 surgió un virus que afectó a los humanos con un riesgo inminente de muerte, el coronavirus de tipo 2 causante del síndrome respiratorio agudo severo (SARS-CoV-2), que causa la enfermedad COVID-19.

Apareció en diciembre de 2019 en China, donde trató de controlarse su esparcimiento sin éxito alguno. El 11 de marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo declaró una epidemia mundial, lo cual significó una emergencia sanitaria (OMS, 2020a). La covid-19 es una enfermedad cuyos efectos sobre la especie humana se desconocen. Conforme avanzan las investigaciones al respecto se han sumado elementos que permiten conocer su comportamiento. Para el 26 de junio de 2020, el número de casos que las cifras oficiales reportaban ascendía a 9 581 803 casos positivos, de los cuales poco más de 50% se había recuperado y 489 182 personas habían perdido la vida.

La covid-19 ha replanteado el funcionamiento global, pues ha expuesto las desigualdades en el mundo y la fragilidad de la humanidad. Cada sociedad la enfrenta de manera distinta y por eso los efectos son variados. Esto se confirma en las consecuencias mortales, que están sujetas a la disponibilidad de infraestructura médica, personal de salud, cobertura y acceso a sistemas de salud. Los primeros estudios epidemiológicos sobre el comportamiento de la enfermedad en la población se realizaron en China. De ahí se desprende que hay riesgos diferenciados por edad y se destaca que hay mayor riesgo de muerte para las personas de 60 años y más (Rose. et. al, 2020). Esto no quiere decir que las personas mayores son las que más enferman, sino que sus probabilidades de recuperación son menores respecto a las de una persona más joven.

Más allá del riesgo de muerte por covid-19 asociado a la edad, se ha documentado el papel que juegan los padecimientos crónicos, como diabetes, hipertensión y enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), entre otros, en el incremento de este riesgo. Es preocupante la rapidez con la que la enfermedad se esparció en el mundo. A poco más de un año del primer caso registrado, el nuevo coronavirus ha cobrado aproximadamente 2.4 millones de muertes en el planeta.

La actuación de los países se ha enfocado en confinar a su población mientras se avanza en el desarrollo de una vacuna. El confinamiento ha contribuido a reducir la tasa de contagio potencial, pero ha debilitado las economías nacionales con una contracción económica inminente. Los efectos del confinamiento aún no son visibles, pero se estima que incrementará la mortalidad entre pacientes que padecen enfermedades crónicas no por covid-19, sino por el desajuste de sus cuadros clínicos por no asistir a sus citas de control médico.

El reto que impone esta pandemia a los sistemas de salud es hacer frente a una demanda de atención inusitada. No hay sistema sanitario en el mundo que pueda atender al total de su población al mismo tiempo. La medida de confinamiento, además de reducir la convivencia física y disminuir la exposición al riesgo de contagio, ha permitido que muchos sistemas de salud atiendan las demandas de la población que requiere atención médica urgente con la infraestructura hospitalaria que tenían antes de la pandemia. No haber emprendido esa medida hubiese significado el colapso del sistema. 

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Autores:Gabriela Fernanda Guzmán Bringas
Juan Diego Terán Páez
Javier García Rivas
Fernando Quintanar Olguín
Jorge Luis Ordelin Font
Fecha de publicación:2021
IdiomaEspañol
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